Cuando eres pequeño, casi todo el mundo te suele preguntar que quieres ser de mayor. Te lo preguntarán mil veces, y aunque en tu cabeza tengas una idea clara y concisa de qué quieres hacer el resto de tu vida (cuando eres un enano, la idea de astronauta suele ser muy recurrente) cada una de esas mil veces dirás mil respuestas diferentes, porque aunque tienes un sueño, eres fácilmente influenciable por todo tipo de estímulos externos (series, películas, libros, cómics, tus padres, videojuegos, etc.) y quieres vivir miles de aventuras con tus amigos… pero hasta que no llegue el momento, no sabrás en qué vas a gastar tu vida trabajando.

¿Y os preguntaréis a qué viene toda esa parrafada? Pues viene a que nunca me hubiese imaginado que terminaría dirigiendo un festival de cortometrajes y es que HAMBRE DE CORTOS es una realidad que ha surgido de la nada, poco a poco, pero sin parar.

La idea surgió desde la pequeñita y humilde idea de proyectar unos cortometrajes en el centro cultural de Cobisa (Toledo). Nos reunimos en el modesto cine que tienen, al cual se puede acceder desde la biblioteca (modesto por decir algo, porque tiene más de 200 butacas listas para disfrutar).

Tras una lluvia de ideas junto a Marta y Rober, ver las instalaciones y el equipo del que disponíamos, decidimos que ya que íbamos a invertir tiempo y esfuerzo en reunir un puñado de cortometrajes para hacer una velada de cine rodeados de amigos y compañeros, podíamos currárnoslo un poquito más y hacer algo un poquito más grande para lo que nos pusimos en contacto con Ángel, el concejal de cultura a quien le encantó la idea y nos pusimos manos a la obra.

El logotipo del festival fue diseñado por Cecilia Díaz, cuyo trabajo se ha convertido en un símbolo para nosotros, estableciendo el logotipo como icono y premio del festival.

Como llevo unos años moviendo cortometrajes por festivales, tenía muy claro puntos a defender a favor de los cortometrajistas y acordamos una serie de gratificaciones para los directores de los cortometrajes que se proyectasen.

Finalmente conseguimos (gracias al ayuntamiento) dar un premio físico, un diploma por la proyección y el símbolo del festival: ¡un tenedor de pan de casi 1 kilo!

Tanto público como directores quedaron muy contentos. Contamos con la ayuda de In&Out filmmakers para el asesoramiento y la programación y lo más importante, ¡ya estamos preparando la siguiente edición!